Esta mañana he llegado a la cola y he preguntado quien es el ultimo, luego le he arrebatado el puesto y me he colocado al final. Poco tiempo paso hasta que entro por a puerta. Era el. Con su sabio bigote, su delgado rostro, su noble caminar… Me dijo “jovenzuelo, �es usted el ultimo?” con la cortesía de un hidalgo y al pasar detrás de mi oí el metálico chocar de su armadura. Al rato, cansado, se sentó en los bancos de la sala y apoyo su lanza en la pared y cuando avanzo un poco la cola alcanzo a decirme “recuerde, joven, que sigo estando detrás de usted“.

Y allí estaba, mirando el infinito, probablemente pensando en batallas, duelos y lances pasados. últimamente, mas que molinos, veo a Don Quijote por todos lados…