Anda rodando por los blogs un post, que yo no se quien lo inicio, pero que acierta en muchas de sus afirmaciones. Lo dejo aquí pues si vuelvo a leerlo algún dia, pasado el tiempo, espero reírme al recordarlo.

Al final dejo un poema de Antonio Gamoneda, Premio Cervantes de este año, que gentilmente me ha recordado el hombre de lavapies.

Le llaman la “crisis del cuarto de vida”.
Te empiezas a sentir inseguro y te preguntas donde estarás en un año o dos, pero luego te asustas al darte cuenta que apenas sabes donde estas ahora.
Te empiezas a dar cuenta que hay un montón de cosas sobre ti mismo de las que no sabias y que quizás no te gusten.
Te empiezas a dar cuenta que tu circulo de amigos es mas pequeño que hace unos años atrás…
Te das cuenta que cada vez es mas difícil ver a tus amigos y coordinar horarios…
por diferentes cuestiones: trabajo, estudio, pareja, etc…
y cada vez disfrutas mas de esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato.
Las multitudes ya no son “tan divertidas”… hasta a veces te incomodan.
Y extrañas la comodidad de la escuela, de los grupos, de socializar con la misma gente de forma constante.
Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos, otros no eran tan especiales después de todo.
Te empiezas a dar cuenta que algunas personas son egoístas y que a lo mejor, esos amigos que creias cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan ser amigos de los mas importantes para ti.
ríes con mas ganas, pero lloras con menos lagrimas, y con mas dolor.
Te rompen el corazón y te preguntas como esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal.
O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por que no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor.
Y pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios. Algunos empiezan a casarse.
quizás tu también amas realmente a alguien, pero simplemente no estas seguro si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida.
Atraviesas por las mismas emociones y preguntas una y otra vez, y hablas con tus amigos sobre los mismos temas porque no terminas de tomar una decisión.
Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estúpido.
Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo.
Miras tu trabajo y quizás no estés ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo.
O quizás estés buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo.
Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no.
Tus opiniones se vuelven mas fuertes.
A veces te sientes genial e invencible y otras… solo, con miedo y confundido.
De repente tratas de aferrarte al pasado, pero te das cuenta que el pasado cada vez se aleja mas y que no hay otra opción que seguir avanzando.
Te preocupas por el futuro, prestamos, dinero… y por construirte una vida para ti.
Y mientras terminar la carrera seria lo mas importante, ahora tan solo quisieras estar yendo a clases y haciendo algún que otro examen.

Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello.
Todos nosotros tenemos “veintitantos” y nos gustaría volver a los 17-18 algunas veces.
Parece ser un lugar inestable, un camino en transito, un desbarajuste en la cabeza…
pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos…
Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro.
Parece que fue ayer que teníamos 18… Entonces mañana tendremos 30! ? así de rápido!!!??? HAGAMOS VALER NUESTRO TIEMPO…
QUE NO SE NOS PASE! La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento…
Enviale esto a tus amigos de veintitantos…
quizá le ayude a alguien a darse cuenta que no esta solo entre tanta confusión…
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Y ahora el poema

Dios sabe que tengo veinte años;
que yo puedo decir que ya he vivido;
que yo puedo decir cosas amargas
y no he mentido.

Dios sabe que puedo llorar solo.
Dios sabe que en mi casa hace frio;
que yo puedo muy bien hacer poemas
o pegarme un tiro.

(Hay tanto desamparo, tanta rabia
rondando el corazón…
Poema mio,
si no tengo palabras,
te haré de sombra y corazón marchito.)

Dios sabe que puedo llorar solo;
que puedo sollozar, pero hay un grito,
una lanza en la angustia iluminada.

oídlo:
bajo el llanto y los puños en derrota
hay un gozo purismo encendido.
Podemos estar rotos, ser esclavos,
pero estamos vivos.

Antonio Gamoneda
(Espadaña, n. 47, p. 8, Leon, 1950)