Reiamos a carcajadas aquella noche en el bar. Yo apoyaba mi cerveza y mi persona en una tarima para aguantar (sin continencia ninguna) la risa que me estaba entrando. No se que cosa habia dicho no se quien, pero la verdad es que haciamos bastante ruido cuando de repente suena el telefono publico que estaba justo al lado mia y todo el mundo se cayo. El ring-ring insistente nos demandaba contestar la llamada pero, ¿quien se atreve a descolgar un telefono publico?¿como sabes que es para ti?La duda se disipo cuando el barman, hablandome como un espia de la antigua KGB me dijo:- Descuelga y di “50 pulguitas”Yo desgolgue, temeroso de no dar correctamente el mensaje. Una voz tabernaria me contesto:- Wenas noches…- 50 pulguitas -dije yo, entrecortado.- Bien, paso a las 9 -concluyo y colgo el telefono.Continuaba el silencio en el grupo, todavia no sabiamos que habia pasado hasta que de nuevo el barman hizo la pertinente aclaracion:- Es el panadero.¡Acabaramos!¡Claro! Yo con mis paranoias de la KGB y lo que habia hecho era decir el pedido de pan del dia siguiente.