En el bullicio del local aquella chica era la única en la que mis ojos se paraban. Adoptando la postura de voyeur, la miré dos o tres veces más creyendo no ser visto pero en una de esas coincidieron nuestras miradas de lleno. Me sonrió. Yo me ruborizé.
Cuando ya nos estábamos yendo y hacía tiempo que la había perdido de vista me subí la cremallera del abrigo sin abrigar ninguna esperanza de volver a verla. En ese momento salió también ella del local. Nos volvimos a mirar y nos sonreimos de manera cómplice:
– ¿Cómo te llamas? -alcancé a decir con la confianza surgida en aquél momento.
Ella soltó una risa simpática y dijo:
– Mi nombre lo tienes que adivinar.
– Bueno, pero dame alguna pista -traté de negociar.
– Está bien -y comenzó a explicar-.
Si a mi nombre le quitas una letra, sigue siendo un nombre de mujer,
Si le vuelves a quitar otra letra sigue siendo un nombre de mujer.
Si le quitas una letra más, sigue siendo un nombre de mujer.
Y si le quitas otra más sigue siendo un nombre de mujer.

¿Cuál es el nombre de esta chica?