Desde pequeñito me han repetido mil veces la frase “Niño, no toques”, porque siempre he sido muy tocón. Un Santo Tomás porculero, vaya. Pero no supera a mi pasión por mirar. Si señor, yo lo que soy es un mirón. El toqueteo se acaba pronto, pero mirando podría pasarme horas y horas. Sobre todo viendo estas imágenes:

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Estatuas extrañas en lugares públicos