mentiroso

No me buscarías si no me hubieras encontrado
San Agustín.
Del tiempo huye lo que el tiempo alcanza
Lope de Vega
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos
Lope de Vega
Yo me equivoqué una vez: cuando creí haberme equivocado.
Un político antillano
Todos somos iguales, pero unos más iguales que otros,
George Orwell, Rebelión en la Granja

A veces, al hablar, uno cree que realmente está diciendo algo y usa las palabras con la confianza que los demás lo entiendan. Pero el lenguaje está mal hecho. Lo mismo que hay agujeros negros en el espacio, hay agujeros negros en las palabras. Os voy a poner unos ejemplos:

1. La paradoja del cocodrilo
Un cocodrilo captura al hijo de una mujer y este le pregunta:
COCODRILO: ¿Me comeré a tu hijo?. Si aciertas, te lo devuelvo ileso. Si no, me lo como.
MUJER: Sí, te comerás a mi hijo.
COCODRILO: Jeje, si estás en lo cierto, no te lo devuelvo y me lo como.
MUJER: Pero si te lo comes, entonces he acertado y me tienes que devolver a mi hijo.
El cocodrilo quedó tan confundido que dejó escapar al hijo…

2. La paradoja del puente
En el Capítulo LI del Libro Segundo de El Quijote, se nos cuenta la historia de un puente custodiado por un guardia. Este guardia sólo podía dejar pasar al otro lado a los que decían la verdad sobre el motivo que aducían para cruzar. La horca era el castigo para los mentirosos.
Una vez llegó un hombre y pidiendo paso, el guardia le preguntó su motivo. El viajante respondió:
– He venido para ser ahorcado.
Si decía la verdad, el guardia debía dejarle pasar pero debía ahorcarle también y esto no se lo merecía pues no había mentido. Si mentía su castigo era la horca, pero entonces no era cierto que hubiera venido a ser ahorcado. El guardia consultó al gobernante de las tierras que custodiaba y este último comprendió que quebrantaría la ley de cualquiera de las formas, así que le dejó pasar en libertad al visitante.

3. La paradoja del mentiroso
Esta es la más conocida. Epiménides, un filósofo griego de estos del siglo VI a.C., dijo una vez en una plaza pública de Creta, llena de gente:
– Todos los cretenses son unos mentirosos
La paliza que se podría haber llevado fue refrenada por un hecho que todos conocían: Epiménides era cretense. ¿Entonces?, ¿decía o no la verdad?. La historia no dice nada de cómo acabó el asunto, pero se ha comentado que sentó muy mal en cualquier caso y que Epiménides se llevó alguna que otra colleja. La filosofía es bastante arriesgada.

Por cierto, ¿qué véis exactamente en la foto?. Una cara, ¿no?. Hum… una cara un poco mentirosa, creo yo.