No sé si fue un sueño o es cosa del último libro que leí, pero ahora creo recordar a un hombre que se dedicaba a pescar en alta mar allá por donde yo me crié. Tenía la cara curtida por el sol y el viento. Hablaba poco, más bien observaba aunque a veces cerraba los ojos como soñando, o recordando, experiencias a miles de kilómetros de allí. Una vez quise preguntar quién era ese hombre, de dónde venía. Alcanzaron a darme un nombre que ya no recuerdo y me dijeron, para mi asombro, que era ciego.
¿Cómo podía trabajar entonces? ¿Tendría que atar cabos, echar las redes, manejarse en cubierta, dirigir el barco quizá? La edad y la experiencia así como una memoria prodigiosa le permitían hacer casi cualquier cosa. Una vez dijo algo que se me quedó grabado en la memoria: se ve más con los ojos cerrados. Él podía ver miles de cosas y yo verlas a través de sus ojos cerrados. Todas las visiones se veían reflejadas en su cara, como si de un mapa de sueños se tratara. Si no lo crees, haz click en la imagen y compruébalo.

CARA