Mi amiga Imposible ha tocado un tema sensible para mi frágil moral literaria. En su último post ha sacado a colación una noticia curiosa, simpática. Pero a mi me retrotrae a pensamientos muy recurrentes: el miedo.

Siempre me encantó el cuento de Juan sin Miedo, yo me veía muy reflejado en él. La gente le consideraba raro por no tener miedo, un poco inmaduro. Y eso se repite en todas las versiones del cuento que hay. Un detalle más que hace que considere el miedo algo completamente construido y artificial. Al pensar así, cualquier cosa que analizáramos científicamente dejaría de tener ese revestimiento misterioso y aterrador. No habría porqué tener miedo, ¿o sí?

En el artículo enlazado de Cristina Martín de Doria, los diferentes Juanes van perdiendo el miedo de forma absurda, por eso me gusta más cómo lo cuenta John Hurt en El Cuentacuentos. Serie de televisión que recomiendo vivamente (sé que La Imposible le tiene aprecio también).

En fin, ¿era Juan un inadaptado? ¿Un inmaduro? ¿Madurar significa empezar a temer? ¿Somos civilizados porque tenemos miedos? ¿Qué pasa si uno no tiene esa sensación, no tiene alma? Son demasiados interrogantes para un post, y tengo más. Espero no cansaros con estas pesadillas, pero es que me parece un tema tan actual que al recordar estos viejos cuentos me parece que estoy conectado con toda la humanidad, a través del tiempo, por esa oscura sensación de pavor.