Puede parecer que voy con retraso, pero nunca es tarde para hacer un homenaje a un ser querido. Puede parecer también, por esta introducción, que vaya a hablar de un familiar, amigo o cualquier persona cercana y conocida, pero en este caso se trata de una persona que no vi en mi vida.

Hace algunos años llevo escuchando un programa de radio que se llama La Rosa de los vientos. ¿Que de qué va? Pues de todo, pero sobre todo de la curiosidad por aprender Historia, Ciencia, Literatura, Enigmas, Medio Ambiente, Cine, Arte, actualidad… Un cúmulo humanista de saber que se concentraba en este “amigo” mío: Juan Antonio Cebrián. La alegría y el bien hacer de este profesional de la radio, que llevaba con este programa 10 años, impregnaba todos los conocimientos que transmitía en tertulias, comentarios, entrevistas y sus ya míticos pasajes de la historia. Últimamente, y como el programa es muy tarde (domingos de madrugada, y dura tres horas), me lo descargo en mi iPod como miles de oyentes. Creo que es de los mejores programas de radio que hay, yo diría que en toda la red a nivel mundial.

Pues este genio de la radio, este compañero de insomnios, divulgador nato, amante de la Historia y maestro de maestros murió el 20 de octubre (hace ahora un mes) de un infarto con 43 años y un niño (Alejandro) de 3. Tras el primer mes sin su voz sigo sin poder superarlo. No puedo creer que un simple infarto cercenara tanto bueno. Lo único que me anima es que siguen sus grabaciones, sus pasajes, reviviendo la historia y la cultura. Escoged cualquiera al azar y quedaréis enganchados a su estilo. Podría hablar horas sobre él, sobre todo lo que me ha hecho ver (qué ironía) a pesar de que yo nunca pude verle en persona. Sé que muchos ya le han rendido homenaje, entre ellos estáis algunos de los que visitáis este blog, pero no me importa sumarme al mar de aplausos que debe recibir este hombre en agradecimiento por tanta bondad y trabajo en la corta vida que le tocó vivir.
Adiós, amigo.