…antes del que el diablo sepa que estás muerto.

Este es el título de la película que fui a ver el otro día al cine, completo. En realidad se comercializa con la segunda parte de la frase, pero vamos, que a pesar de lo pretencioso es mucho más redonda y sobria de lo que parece.

Resumiendo desde el principio, es una película genial. Dura, pero genial. Los actores muy creíbles y bien interpretados: Philip Seymour Hoffman (enorme), Ethan Hawke (correcto, aunque un poco desdibujado), Albert Finney (un maestro), Marisa Tomei (ay, omá, que rica). El guión, con una desorganización del tiempo intencionada, es de lo más potente de la película: dos hermanos piensan dar un golpe en una joyería, pero algo sale mal y todo se va complicando conforme avanza la trama. Hago mención especial de la banda sonora, de Carter Burwell (la hizo también de Fargo, El gran Lebowski, Barton Fink… efectivamente, muy amigo de los hermanos Coen) y se adapta al guión y a los personajes como un guante.

Por último, Sidney Lumet (uno de mis directores preferidos por su ahora revisada 12 hombres sin piedad) demuestra que tras más de 50 años haciendo cine sigue con un nivel que más quisieran muchos chavalitos que empiezan ahora. Tiene un pulso en las escenas de tensión (cómo te enseñas las habitaciones, cómo hace elipsis, como monta una escena de cuatro formas diferentes dependiendo del personaje) que te atrapa. Y mira que la peli es larga (dos horas).

Al terminar de verla se te queda el cuerpo fatal, es la verdad. No te sienta bien ver la condición humana reducida a sus expresiones más rastreras, miserables y abandonadas de todo sentido vital. Y cómo el dinero puede destrozar una vida al haber construido el futuro sobre él.

Aún así, por favor, si podéis id a verla. Es una historia digna de ser contada y, sobre todo, no malgastaréis vuestro tiempo. Veréis Buen Cine.