En la Avenida de la Constitución de Sevilla, encontré esto en el escaparate cerrado de Viajes Marsans.

Mientras que los presidentes de las empresas nunca pagan sus errores, los trabajadores ven morir sus esperanzas. Ahora yacen los cadáveres de esos sueños (de esos sueldos) en medio de las avenidas. Y siguen sin pagar los que deben.