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Aquellas tardes en apariencia baldías que pasamos echados el uno en la tranquilidad del otro. Aquellas risas que precedían aquellas tormentas que precedían aquellas risas.

Aquellas tazas llenas de sinceridad e ilusión y, a veces, de irracionalidad e imprevisibilidad. Aquellos museos llenos de deseos. Aquellos aviones llenos de canciones.

Aquellas llamadas de teléfono, aquella incomunicación del Messenger. Aquellos abrazos interminables. Aquellas lágrimas mías, irrefrenables. Y la luna, y el sol.

Aquellas promesas sin nombre. Aquellos hijos que no tuvimos. Aquél aeropuerto solitario. Aquellos aviones vacíos.

Aquella calle de Madrid, aquella canción de Mecano. Aquél “reiremos al final” y estos llantos callados.

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Puede parecer que voy con retraso, pero nunca es tarde para hacer un homenaje a un ser querido. Puede parecer también, por esta introducción, que vaya a hablar de un familiar, amigo o cualquier persona cercana y conocida, pero en este caso se trata de una persona que no vi en mi vida.

Hace algunos años llevo escuchando un programa de radio que se llama La Rosa de los vientos. ¿Que de qué va? Pues de todo, pero sobre todo de la curiosidad por aprender Historia, Ciencia, Literatura, Enigmas, Medio Ambiente, Cine, Arte, actualidad… Un cúmulo humanista de saber que se concentraba en este “amigo” mío: Juan Antonio Cebrián. La alegría y el bien hacer de este profesional de la radio, que llevaba con este programa 10 años, impregnaba todos los conocimientos que transmitía en tertulias, comentarios, entrevistas y sus ya míticos pasajes de la historia. Últimamente, y como el programa es muy tarde (domingos de madrugada, y dura tres horas), me lo descargo en mi iPod como miles de oyentes. Creo que es de los mejores programas de radio que hay, yo diría que en toda la red a nivel mundial.

Pues este genio de la radio, este compañero de insomnios, divulgador nato, amante de la Historia y maestro de maestros murió el 20 de octubre (hace ahora un mes) de un infarto con 43 años y un niño (Alejandro) de 3. Tras el primer mes sin su voz sigo sin poder superarlo. No puedo creer que un simple infarto cercenara tanto bueno. Lo único que me anima es que siguen sus grabaciones, sus pasajes, reviviendo la historia y la cultura. Escoged cualquiera al azar y quedaréis enganchados a su estilo. Podría hablar horas sobre él, sobre todo lo que me ha hecho ver (qué ironía) a pesar de que yo nunca pude verle en persona. Sé que muchos ya le han rendido homenaje, entre ellos estáis algunos de los que visitáis este blog, pero no me importa sumarme al mar de aplausos que debe recibir este hombre en agradecimiento por tanta bondad y trabajo en la corta vida que le tocó vivir.
Adiós, amigo.

¿Quieres saber dónde es de día y dónde de noche ahora mismo en el mundo? Haz click en la imagen y lo verás.

Una curiosa página donde se recogen conversaciones robadas al aire. Pequeñas instantáneas verbales de Madrid.

nube nuclear

Lo cierto es que viendo esto uno podría pensar que será pasto de una hecatombe nuclear, pero es una simple evolución de un cúmulonimbo. La diferencia de temperatura hace que se forme una columna de nubes que sube rápidamente, se enfría, y eso deja caer unas tormentas de aquí te espero. Esta nube ha subido muy deprisa, se ha encontrado con la troposfera, y ha chocado. A que es bonito, ¿eh?

Por el mismo diseño del blog podéis imaginar que soy aficionado a las nubes, desde chico sigo viendo figuras en ellas. Si queréis ver más fotos, pasaros por aquí.

Segunda parte del Triángulo Irracional de las Bermudas.

El tamaño del miedo de Triunfo Arciniegas

El loco estaba tirando piedras a diestra y siniestra cuando surgió el camión, cuadras más allá, primero del tamaño de un juguete, luego del tamaño del miedo, verde y repleto de soldados, y el milico se bajó, lo amenazó con el arma desenfundada, y el loco tiró piedras, piedrecitas, polvo, se fue.

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El tamaño del miedo es relativo al bote donde lo guardemos

roto

El literato satírico Karl Kraus, gran amante del lenguaje y combativo contra los que abusan de él (véase la campaña que apoya mi amigo Treegom), digo que Karl Kraus en su lecho de muerte fue informado de que los japoneses habían invadido Manchuria, a lo que él contestó:

“Nada de esto habría sucedido si hubiéramos sido más estrictos en el empleo de la coma”

Cuando te mueres creo que se te deben de ocurrir las más grandes genialidades. Lo malo es que sólo puedes probarlo una vez.

Para los que quieran destruir el lenguaje, pulsen el botón rojo
botonrojo

Dijo Aristóteles que el hombre es un animal, pero a diferencia del resto, racional. Es decir, que usamos nuestro espíritu, nuestra parte inteligente. Creamos ideas, las comprendemos y las manipulamos. Pues bien, hoy día sabemos que todo esto está superado y que sí, será espiritual, pero más que controlar u ordenar esta parte etérea es ella la que nos controla a nosotros.
Para mí hay una trilogía fundamental (casi diría un Triángulo Irracional de las Bermudas) que me obsesiona y que es: miedo, asco y risa. Este es el verdadero misterio de la Humanidad. No las tonterías del amor, la locura o la ambición. Qué va. No hay cosa más arbitrariamente humana que la susodicha trilogía. Hoy escribo sobre el miedo.

¿Sobre qué tiene la gente miedo? Siempre se dice que existen los “miedos atávicos”, es decir, los que tenemos en nuestro subconsciente a lo largo de las generaciones. Los heredamos y, sin saber porqué, los padecemos. Sí claro, voy a tener yo miedo a que venga una bruja y me tire de los pelos, claro. Si es hoy día y cada uno le teme a una cosa diferente. Y eso realmente me llama la atención sobremanera. ¿Porqué unos sí y otros no?¿y de qué depende? La verdad es que yo he llegado a una de mis conclusiones sencillas y más que probablemente incompletas: el miedo o la capacidad de asustarse depende de dos factores
1) De lo irreflexivo que sea, es decir, cuanto menos piense uno menos miedo tendrá.
2) De lo rápido y reflexivo que sea uno, es decir, cuanto más reflexivo sea menos miedo tendrá y sobre todo cuanto menos tiempo tarde en pensar.
¿A que parece contradictorio? Pues no lo es tanto. El más miedica estará en el medio de esos dos extremos.
Si uno piensa casi nada sobre el miedo, le da poca importancia, lo obvia y punto. El miedo será como una picazón, o una rama que apartar en el camino. Sin más. Por el contrario, si uno relativiza y juega con el miedo, se ríe de él porque lo abstrae y lo separa de su vida personal, incluso hasta lo pasa bien con el miedo. En este vídeo se ve hasta que punto unas cosas dan miedo y otras no. El niño chico es genial, ni siquiera piensa qué es el miedo, y el hombre de la atracción de feria sabe que no va estrellarse y se deja llevar por las sensaciones:

También digo que hay que ser rápido pensando, y es que la mayoría de los sustos se producen rápido, inopinadamente. Por ejemplo, cuando te despiertas. Sus sueños se mezclan con el susto y no reflexionas sobre lo que estás viendo:

Véase también esto

Pero hay situaciones en las que todo nos da miedo. Se producen en entornos, atmósferas (¿os acordáis del juego Atmosphere?) sitios donde abandonamos nuestra capacidad de abstraernos, de concentrarnos y relativizar. Nuestras neuronas nos abandonan y nos dejamos llevar por el pulso de la sangre (la falta de riego) y la aceleración de las hormonas. Está bien ¿eh? yo disfruto con estas cosas, dentro de unos límites pues al dejar de controlar puedes hacer algo de lo que después te puedes arrepentir. Pero tontear con la parte descontrolada de nuestro consciente nos ayuda a comprendernos mejor. Se pasa mal, pero se aprende.
De todas formas, si alguien me asusta de improviso, suelo responder violentamente. Es mi subconsciente, no soy yo.

Misón el filósofo, fábula de Florián:

Vivía en otro tiempo
Un hombre, respetado
Por su amor a las ciencias
Y carácter honrado.
Pobre, libre y contento,
Por los bosques errando,
Del hombre los delirios
Reía contemplando:
Un día sus amigos
Le hallaron por acaso,
Y viendo su alegría
Le dicen admirados:
– Misón, pues vives solo,
Y es tan pobre tu estado,
¿Quién excita tus risas?
Y les contestó el sabio:
– Más contento estoy solo
Que mal acompañado.


mison

Vía Café de Oacata
Cuadro de Rembrandt, “El filósofo en meditación”

cocheatardecer
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No, la foto no es de ayer, pero la multa me la llevo si lo ve esto un guardia de tráfico… Yo siempre he sido más de atardeceres, la gama de colores siempre ha sido más intensa, los olores también, la melancolía, la inquietud, el miedo a la noche que se aproxima. Todo eso es, aparte de más rico en matices, mucho más literario. La oscuridad se va imponiendo y el sol nos va abandonando. Esa incertidumbre es lo que hace que el día tenga sentido.

Y mientras tanto, qué bonito ¿eh? me parecía que iba camino del sol… ¿y si pudiera estar persiguiéndolo eternamente sin que viera acabarse un día nunca?

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