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Aunque los cuentos que yo traigo aquí son de otro estilo, los cuentos para niños son con los que todos nos hemos formado. Y en esta web están muy bien contados. Por si alguien tiene churumbeles y quiere ponerle la cinta o, porqué no, para escucharlos tranquilamente, en el MP3, en la sombra de un árbol.

Yo reconozco que me impresionaba mucho el cuento de Piccolo y Saxo, un vinilo que me ponían mis padres y que combinaba música y cuento. Así aprendí lo que era un fagot, o un cello, o el sonido del arpa. Totalmente recomendables para niños estos cuentos, porque ya no sólo ejercitan la imaginación, sino que aprendes lecciones de vida y de muchas otras cosas útiles.

Cuentos recopilados, mezclados, revendidos y encontrados por mí y por muchas personas más:

Como niños

Después de una intensa persecución a pie de casi media hora, el policía alcanzó al ladrón, le dio un ligero empujón en el hombro y, antes de darse media vuelta, le dijo: ‘tú la llevas’.

El ladrón se pasaría el resto de su vida sorprendido, recordando cómo en aquel momento se deshizo rápidamente del cuantioso botín, contó hasta diez, y salió corriendo detrás.

Mejor

Siempre he querido ser como mi amigo Paco. Bueno, no es que me conformase solamente con ser como él: quería ser Paco, pero un poquito mejor. Terminé la misma carrera con notas más altas, entré a trabajar en la misma compañía y logré el ascenso que le estaba destinado. Luego pasé una etapa preocupándome por mantenerme algo más guapo y bastante más delgado. Por fin llegó el momento que tanto había esperado. Me aprendí de memoria los cumpleaños de toda la familia, los nombres de todos sus gatos, y me enamoré como un chiquillo de Paula, su mujer.

Esta tarde he venido a visitarlo para matarlo con un taladro eléctrico y después he metido su cuerpo en el congelador. Ahora estoy tumbado tranquilamente sobre la cama, deseando que llegue Paula de una vez.

Ya veréis lo contenta que se va a poner.

Concentrados

Él le robó los pendientes mientras ella se hacía con su cartera. Anillos, relojes, pulseras, gemelos. Todo cambiaba de manos sin la más ligera sospecha por parte de su legítimo dueño, demasiado ocupado en desvalijar al contrario. Foulard de seda, corbata, broche, tirantes. Jamás de los jamases habían logrado llegar tan lejos.

Una ráfaga de aire los hizo volver en sí algunos minutos después, ruborizados, al caer en la cuenta de que estaban completamente desnudos.

vía Libro de Notas

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